miércoles, 27 de junio de 2012

Parecidos

Hay gente que anda por ahí buscándole parecidos a las personas.
Ese era el caso de don Rogelio Antúnez, el peluquero de Parque Centenario.
Don Rogelio era un buen tipo: culto, algo intelectual, bastante progre… eso sí: cuando empezaba a hablar, no había forma de pararlo. Todos los temas le venían bien: cine, teatro, fútbol, política… el viejo encaraba cada tema con la sapiencia de los que saben de verdad. Uno siempre sospechaba que no era solamente un peluquero.
Yo lo trataba mucho, porque vivía a una cuadra de su negocio. De hecho, fui su cliente durante años. Pero todo cambió el día que decidí comprar mi propia máquina de cortar el pelo. Y cambió tanto, que ahora estoy en mis últimos días de vida, por culpa de Don Rogelio.
Resulta que el día en que me compré esa fatídica máquina del diablo, hubo un quiebre en la relación. Porque hasta ese día, yo pasaba por la puerta de la peluquería, y Don Rogelio me gritaba: “ey, ya está largo ese pelo, eh!! Cuándo te venís al negocio!!”
Y claro. Un día, yo pasé por la puerta con el pelo totalmente rapado. El viejo se quedó mudo. No sé si le costó reconocerme, o fue la sorpresa. Tardó varios días en reaccionar. No me decía nada: me miraba pasar nomás. Yo creí que se sentía dolido, y por eso a veces evitaba pasar por la puerta del negocio.
Pero al cuarto día creí que se le había pasado. Iba yo con mi bolsito para ir a jugar al fútbol, y el viejo me grita desde la otra vereda “Eh, parecés la brujita Verón con ese pelo”. Me reí, lo saludé, y seguí camino. Me fui pensando en que la sociedad de alopécicos debería rendirle homenaje a tipos como Verón y Bruce Willys. Ambos le devolvieron la dignidad a varias generaciones de pelados y aniquilaron humillaciones tales como el “casquito Hansen”.
Ese día jugué como nunca en mi vida. La rompí. Hice 8 goles, tres de ellos desde afuera del área. Los pibes no me podían parar. Un “crá”.
Y a pesar de eso, no lo relacioné con lo que me dijo Don Rogelio.
Semanas después, con el pelo ya un poco más crecido, volví a pasar por la puerta rumbo al picado con los muchachos.“qué hacé… Eros Ramazzoti!” me grita el viejo.
Ese día mi juego volvió a la normalidad: fui el mismo patadura de siempre. Inclusive probé al arco un par de veces, y la pelota terminó en el medio de la Avenida del Trabajo. Después del partido, me puse a cantar en la ducha del vestuario: para mi sorpresa, me salían todas las canciones de Eros Ramazzoti, con el acento tano y todo. Y eso que hasta ese día ni me sabía las letras.
El pelo siguió creciendo, y yo seguí todos los días cantando las canciones de Eros, como si fuera él mismo. Varias mujeres de 40 para arriba me encararon por la calle. Una me dio su tarjeta. Nunca había tenido tanto levante entre las veteranas. Y un par de meses después, ya con el pelo más largo, empecé a tener levante con las generaciones más pendejas.
Qué pelambre, ché. Parecés Pablito Rago”, me gritó Don Rogelio.
Y a partir de ese día comenzaron a aparecer minas en mi Facebook. Todas lindas. Todas perras. Incluso me contactaron algunas famosas: Anabel Cherubito, Victoria Vanucci… Fue una etapa gloriosa. Pero el pelo siguió creciendo. Y creciendo. Y creciendo. Los rulos se me fueron formando en la cabeza. Y un día, Don Rogelio me gritó:
“JA! Sabés a quién te parecés con esa porra??? ¡¡A Favio Posca te parecés!
Los días siguientes fueron insoportables. Yo no paraba de hablar. Y quedaba como un salame ante todo el mundo. Hablaba y hablaba y hablaba. Mi timbre de voz era tan insoportable, que la gente me evitaba constantemente. Todo eso comenzó a volverme loco.
Por eso decidí raparme nuevamente. Estaba obsesionado por no parecerme a nadie. Me corté a “cero”, y luego me afeité con la Gilette. Tan demente estaba con esto, que decidí también rasurarme las cejas.
En cuanto terminé, me fui caminando rumbo a la peluquería. “Cómo te cagué Rogelio”, pensaba. “Ahora no me vas comparar con nadie”. Aminoré el paso frente al negocio. El viejo me miró casi con desprecio. Pareció dudar, pero finalmente me dijo: “¿estás bien vos? parecés un enfermo terminal!”Y aquí me ven. Lleno de tubitos, pálido, y sufriendo mis últimos días de vida. Para colmo, con la quimio el pelo no crece más.
Me dijeron que Don Rogelio está muy triste. Los vecinos me dijeron que por el barrio se la pasa diciendo: “y sí… esas máquinas de cortar pelo son cancerígenas… yo siempre lo dije”.

Miller




Hace un par de años, en un tiempo muerto en medio de un viaje de laburo, salí a caminar por Brooklyn sin rumbo fijo, y sin conocer nada de la zona. 
A las pocas cuadras de comenzado el paseo, me crucé con la imagen que ilustra la nota: la casa en la que vivió alguna vez Henry Miller.

Tremendo escritor norteamericano, por si no lo leyeron
En los años 30, luego de una vida bastante sufrida, Henry decidió dedicarse de lleno a la literatura. Y por mucho tiempo se cagó de hambre.
Su estilo literario era oscuro, perverso, sucio y obsceno. Un chanchito, diríamos. Pero un chanchito talentoso. Si vas por la calle con un libro de Henry Miller bajo el brazo, la mayor parte de la gente pensaría que sos un intelectual más que un onanista. Aunque no se qué es peor.
Henry fue amante de Anaïs Nin, una escritora francesa con la que compartió no sólo admiración y estilos literarios, sino también a su propia esposa: June Mansfield. Ellos protagonizaron un trío memorable.
Dos de los libros de Miller -Trópico de Cáncer y Trópico de Capricornio- son considerados esenciales de la literatura del siglo XX. Fueron escritos en la década del 30. Los “Años Locos”. Y verdaderamente, ambos son tremendos. Ahora, si me preguntan a mí –cosa muy poco recomendable por cierto- Opus Pistorum merece también su lugar . Quizás, porque fue escrito bajo pseudónimo, y eso le permitió al viejo Henry ser más puerco que de costumbre. Por ejemplo, hay una escena en la que el personaje penetra analmente a la mujer, y luego de acabar le echa un meo en las entrañas. 
En fin...
El caso es que los “Trópicos…” fueron prohibidos en los EEUU por ser considerados pornográficos y obscenos y verdaderos atentados a las buenas costumbres. Recién en el año 1964, la Corte Suprema anuló dicha prohibición. Y esa nulidad fue considerada por muchos como el punto de partida de la Revolución Sexual. Los sociólogos y analistas de la actualidad aseguran que gracias a aquello, la sociedad dejó de lado los tabúes y comenzó a tener una visión mucho más amplia, abierta y amable sobre las conductas sexuales.

Escribo todo esto mientras en la tele hay un montón de chicas poniéndose en bolas al ritmo del "Stripdance".
Henry… supongo que no fue tu intención, pero la verdad, vos y tu Revolución Sexual se pueden ir bien a la mierda.

martes, 26 de junio de 2012

Contra el árbol

Sus pies descalzos hicieron crujir las hojas secas, llenando los silencios de aquel bosque paradisíaco. Ya había cumplido su parte: estaba allí frente a aquel árbol, totalmente desnuda, esperándolo.Fue sólo un suspiro, el tiempo que pasó entre sentirlo cerca y que aquellas enormes manos cubrieron sus ojos. Una ironía que la sedujo más aún.Posó sus manos sobre las de él, y las llevó a recorrer lugares aún inexplorados y vírgenes. Él, ya sin timidez, se dedicó a maniobrar las yemas entre los pliegues de los pechos, y las palmas sobre los firmes pezones, logrando que la chica se fuera entregando y estremeciendo más y más.Allí fue cuando los cuerpos se rozaron inevitablemente… cuando las manos llegaron al pubis. Y cuando ya todo cayó definitivamente por un camino sin retorno. Impúdico, prohibido, salvaje. Se avalanzaron uno sobre el otro. Ya no hubo tiempo para otra sensación. Las cuatro manos recorrían, arañaban, clavaban.La chica logró colgarse de una de las ramas mientras él la apoyaba con vehemencia contra el tronco del árbol. Dolía, marcaba, raspaba… pero ella sólo quería que aquella gran serpiente tentadora, la atravesara, la mordiera, la atacara. Por eso, enlazó sus piernas tras los glúteos de él… y allí colgada, se entregó al feroz ataque de aquel animal, que rompió todo lo que encontró en su camino. Una serpiente, sí. Una serpiente que llenó un camino plagado de humedad y vacío. Los gritos de ambos resonaban por todo el bosque. La rama subía y bajaba. El árbol se bambaleaba como si estuviera en medio de una tormenta. Los rojísimos frutos caían sobre el pasto y sobre los cuerpos adolescentes. Pero nada importaba. La tormenta siguió hasta el grito final de ambos, que los dejó desvanecidos y transpirados sobre las hojas, los frutos y la sangre.Poco después, la voz del creador tronó sobre el Edén. Pero ellos apenas la sintieron. Todos sus sentidos estaban aturdidos. Los ojos volvieron a cruzarse. Las manos volvieron a rozar los cuerpos. La serpiente volvió a tentar a Eva. Y mientras se besaban, los unió un mismo pensamiento:“Qué paraíso ni que mierda. No hace falta que nos eches, nos vamos solos. Nos vamos solos.”

miércoles, 6 de junio de 2012

La tendencia del mercado


El Licenciado Martín Troncoso, socio activo de una multinacional especializada a Investigaciones de Mercado, amaneció en su cama. Y no estaba solo.
Se mantuvo unos momentos con los ojos abiertos mirando el techo. Y luego se acomodó despacio, para no despertarla. La observó dormir. Recorrió con su mirada cada detalle de ese cuerpo estilizado que yacía a su lado.
La joven, de entre 25 y 30 años, duerme dándole la espalda. Eso la define como una mujer independiente: Lo primero que busca ver por la mañana es la hora de su radio reloj, no a su ocasional amante.
Nivel socioeconómico C1, con proyección a B. Profesional. Vive sola. Seguramente consume productos bajas calorías. Las formas de su cuerpo indican que concurre al gimnasio al menos tres veces por semana. Y por lo que se ve a simple vista, dentro de su rutina hace muchos ejercicios para fortalecer el culo.
Quizás es algo obsesiva de su imagen. Sin embargo, las tetas pequeñas y sin operación alguna, lo hacen dudar un poco. Quizás no sea obsesiva de su imagen, pero sí muy segura de sí misma.
Las uñas de sus delicados pies fueron decoradas de rojo bermellón. Esto podría hablar de una mujer con personalidad avasallante. Firme en sus decisiones, analiza todas las variables antes de decidirse por consumir una marca, ya sea de autos, de artículos para el hogar o de tecnología. Pero cuando lo hace, se mantiene fiel a esa marca hasta el final. Esa fidelidad hacia los objetos no es la misma que mantiene hacia los hombres. Quizás porque ellos la hayan defraudado en el pasado. O quizás porque su único desafío sea triunfar en su profesión más que en la casa. No tiene como proyecto tener hijos. Nunca será consumidora de pañales, baberos, chupetes. Nunca mirará programas de TV dedicados a “la mujer moderna”. Si queremos llegar a ella, deberemos pautar en Fox y Sony por la noche o en VH1 durante la mañana. Un pequeño presupuesto dedicaremos a TN, por donde pasará para ver el pronóstico del tiempo.

Pensaba en ello cuando de pronto un movimiento interrumpió sus pensamientos. La chica –aún dormida- giró y se acomodó frente a él, dándole la espalda al reloj despertador.

Los cambios en el comportamiento del mercado, indicaron que el Licenciado Troncoso se acababa de enamorar.