lunes, 2 de julio de 2012

¿Dónde mueren los osos?

Por un segundo, deténganse a pensar en los millones de animales que viven en el planeta. Ahora, imaginen el momento en que mueren. Pensemos en las ballenas: en caso de que ningún predador las haya atacado o ningún japonés las haya hecho aceite, de pronto mueren y caen redondas hasta el fondo del mar. Lo mismo con los tiburones, los delfines, los pulpos.. El fondo del mar debe estar sembrado de millones de animales muertos.
Lo mismo debe ocurrir con los leones, jirafas y cebras que yacen en la sabana, los ciervos que mueren en el bosque,  los cóndores en la alta montaña, los perros... en la ruta.



Pero sin embargo, hay un hecho muy extraño que envuelve la muerte de los osos:
nadie sabe dónde lo hacen. Nunca ningún guardaparque o investigador se topó en medio del bosque con un oso muerto por causas naturales. Aclaro lo de causas naturales, porque yo sí una vez me topé con un oso muerto: estaba extendido en el living de mi tía con la boca abierta. Le envidiaba la postura: mi prima tenía unas piernas dignas de ser vistas desde allí abajo. 
Pero volviendo al caso, se sospecha que los osos -al saberse destinados a su momento final- simplemente se van. Caminan y se alejan hasta algún lugar que aún no fue descubierto. Quizás sea su propio vía crucis. Un vía crucis final, que debe comenzar cuando la vida termina. Un vía crucis que más allá de humillar, lleva hacia la dignidad. Con la frente en alto, el animal irá en busca de su propio destino. Un destino inevitable que sólo él y sus compañeros conocen.
¿O no? ¿Qué tal si los osos en realidad nunca mueren? ¿Qué tal si simplemente se dirigen hacia un mundo paralelo en el que ellos son los amos del universo? Imaginemos civilizaciones de osos. Osos viajando por el espacio. Osos conquistando la luna de la tierra de los osos. Osos creando monumentos y ciudades. Osos con carreras políticas. Osos investigando nuevas tecnologías, desarrollando armas, invadiendo países, twiteando pavadas, subiendo sus fotos a facebook, bailando en la TV, filmándose con sus parejas, cantando por un... 


No... viéndolo mejor, creo que es mucho mas interesante pensar que simplemente se van para morir lejos de la civilización. 
Porque quieren proteger la intimidad de un momento privado para reencontrarse con ellos mismos.
Y lo bien que hacen.

“Hasta la vista, amigo. No le digo adiós. Se lo dije cuando tenía algún significado. Se lo dije cuando era triste, solitario y final.” (El Largo Adiós, Raymond Chandler)

3 comentarios:

  1. Me identifico con la "actitud osa" de rajarse de todo y todos cada tanto.
    Me parece más digno que secar todos los trapitos al sol. Y más tolerable para el resto.

    En cuanto a la despedida final, ojalá nos sea concedido el poder hacerla con tal gracia y decoro.


    (así que su tía tenía un oso tirado en el living? yo todavía tendría pesadillas!)

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  2. Mire usted... nunca hubiera sospechado que era de las que se raja con facilidad. Algo así como una fugitiva, ¿no?

    Aja... yo incluso creo recordar que era un oso blanco. Pero no estoy seguro, porque me la pasaba mirándole las piernas a mi prima.

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  3. Oiga... dije "cada tanto". Uno se hace el oso antes que haya quilombete por algún lado, y retorna con las ideas más frescas.

    Y respecto del color de la "alfombra"... nada. Iba a hacer un comentario poco elegante. Dejémoslo ahí! :S

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