No fue mi intención señor juez. Es algo que no puedo manejar. Usted dirá
que es el destino, pero yo sé que hay algo más en todo esto. Algo que me
acompaña desde que era así de chiquitito. Y mire, que nombré sólo a Olmedo…
pero no le conté del resto. También maté a Monzón. A Rodrigo. Y a unos cuántos
famosos más que la palmaron trágicamente. Creo que la primera fue Thelma
Stefani. Al menos la primera que recuerdo.
Sabe que pasa señor juez… yo sé que a usted le va a parecer raro todo
esto, pero por alguna extraña razón, cada vez que yo me voy de vacaciones, un
famoso muere fatalmente. Sí sí… casualidad… casualidad las pelotas señor juez.
Toda esa gente que habla de espiritualidad dice que nuestros actos no son
casuales. Y no lo son. Porque mire, si cada vez que yo viajo muere alguien,
algo debo tener yo, ¿no?
Por ejemplo, Olmedo se mató porque yo aquel día yo estaba en Valeria del
Mar y decidí cambiar la marca de cigarrillos. Pérese, déjeme terminar, no me
mire con esa cara. Porque todo esto lo analicé punto por punto. Hice
entrevistas, hablé con los protagonistas, y mi versión está comprobada
científicamente. Acá tiene todas las pruebas. Acá en todos estos testimonios,
va a descubrir que yo fui al kiosco que está a dos cuadras de la playa. Iba a
comprar un atado de Particulares 30… pero mire, que en ese momento me dije
“Carlos… estás de vacaciones, disfrutando… te merecés un gustito… ¡Comprate un
Parissienes! Y ahí comenzaron a desencadenarse los acontecimientos. El tipo me
dice “Ah, mirá… es el último atado que me queda, tengo que pedir más… CLARA!!!
Llamámelo al Beto y agregale Parissienes en el pedido!!! (sí, el tipo le gritó
a la mujer... usté vió cómo son estos kioskeros). Clara lo llamó a Beto. Beto
llamó al distribuidor en Mar del Plata. Y usté puede creer, señor juez, que el
distribuidor estaba saliendo justo justo en ese momento para la inmobiliaria
porque quería reservar un departamento en el edificio Amaral para unos amigos.
Y sabe qué… el tipo se tuvo que quedar para agregar el pedido, salió 10 minutos
después, y el tipo de la inmobiliaria le dice: “mirá… me queda sólo un depto en
planta baja… tenía otro en el piso 11 con una vista bárbara, pero lo alquilé
hace 5 minutos… je… ¿sabés a quién se lo alquilé?”…
Sí… usted lo ha dicho señor juez… ¡Al Negro Olmedo!
Pueden ser locuras. Pueden ser casualidades señor juez. Pero esto se
repite siempre que viajo. Mire, si en enero del 95 me fui una semanita a Punta
del Este con mi mujer, y simplemente por haber lavado el auto, záquete… se mata
Monzón. Fíjese en los papeles, que no le miento. No no… acá están todas las
pruebas, señor juez… no me mire con esa cara. Fíjese: como había lavado el
auto, decidí dejarlo estacionado e ir caminando a comprar el diario. En la
esquina un tipo me pidió la hora. Y yo se la dí mal porque tenía la hora de
Argentina. El tipo dice “uy, qué tarde se me hizo”, y se va corriendo. Llega a
la esquina y llama a su mujer para decirle que no llegaba a tomarse el micro
para ir a Santa Fé, y que se quedaba un día más en Punta del Este. La mujer le
dice “no importa” y cuando cuelga, aprovecha para llamar a su amante para
decirle que tenían un día más para pasarla juntos. Y el amante… ¿sabe qué,
señor Juez? ¡El amante de la mina era el guardiacárcel de Monzón! Que, como se
quería rajar, le dijo al Moncho “bué, vaya Monzón, que le dejo un día libre por
buena conducta”. Y así, el negro salió por un fin de semana de la cárcel, y no
volvió más.
Acá tiene todo, léalo con detenimiento y me va a entender, señor Juez.
Thelma Stefani se murió porque yo cambié el aceite del auto en San Rafael.
Pappo se mató porque yo me puse el cinturón al revés. Rodrigo chocó porque yo
en Florianópolis le discutí a un brazuca que el Bon o Bon es más rico que el
Serenata de Amor. Pero bué, qué quiere que haga, ¡si es más rico, señor Juez!
No me va a decir que son iguales, si esos brasileros de chocolate no saben
nada.
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