Era una típica madrugada patagónica: fría, seca y
despoblada. El ex comisario Atilio Roldán se sentía seguro, caminando de
civil por aquellas calles. A dos meses de haberse jubilado, no lograba
conciliar el sueño hasta más allá de las 4 AM.
Abrigado hasta los dientes, Atilio dobló la esquina para
toparse con algo que helaría su sangre. Algo demasiado inesperado para un
pueblo como Río Quemado.
Allí, en la vereda, yacía un cuerpo tapado con diarios.
Sólo, en plena oscuridad, inmóvil. Apenas los pies sobresalían por debajo de
los papeles.
El comisario se acercó sigiloso, lo rozó con el pie.
Incluso lo pateó despacio, esperando que fuera simplemente un mendigo dormido.
Pero nada.
Se agachó sobre el cadáver, hasta ver una de las hojas
que lo cubrían. “El país llora la muerte de Sandro”, titulaba el diario. Si
titubear, levantó la hoja esperando ver el cuerpo, pero se encontró con otra
hoja de diario: “Alarma en todo el país por la Gripe A”. El comisario quitó
también esta segunda hoja, pero se encontró con una tercera, en la que se leía:
“Riquelme renunció a la selección y se abre la polémica”. Al quitar esta hoja,
se encontró con otra en la que se leían las encuestas y las opiniones de la
calle sobre el renunciamiento del futbolista. Algo hastiado, Roldán hizo un
bollo con esta hoja, esperando toparse por fin con la cara del finado. Pero
sólo encontró varias páginas del caso Pomar. A dos manos, ya con desesperación,
comenzó comenzó a remover todas las hojas. Hallan en el mar los restos del
avión de Air France, Los asambleístas de Gualeguaychú se niegan a liberar la
ruta, ¿Quién fue el verdadero asesino de Nora Dalmasso, River no encuentra el
rumbo, Ricardo Fort a la final de Bailando, La selección a un paso de quedar
fuera del mundial, El país despide a Raúl Alfonsín, Encuesta: ¿está usted de
acuerdo con el casamiento entre homosexuales?... Los títulos pasaban y pasaban.
Detrás de una noticia venía otra, y otra, y otra.
Extenuado, el ex comisario abandonó la tarea, aunque aún
quedaban varias hojas sobre la víctima. Se quedó pensativo aún en cuclillas,
sospechando que realmente no quería saber quién era el muerto que yacía
cubierto por aquellas noticias.
Ya amanecía en Río Quemado. Don Atilio encendió un
cigarrillo y continuó su camino, dejando atrás al muerto aún tapado con
diarios.
Pensó en pasar por el centro en busca de un canillita,
pero prefirió volver a su casa para tomar unos mates.
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