sábado, 26 de mayo de 2012

Historias de Agencia: La pornolaptop


Trabajé durante varios años en una agencia de publicidad un poco más outsider de lo común:
Se permitía fumar, se permitían los  juegos en red, se permitía bajar pornografía por internet y se permitía beber alcohol en horas de trabajo.
A simple vista podría parecer la versión argenta de Sterling&Cooper, pero aquí todo era bastante menos glamoroso. Para empezar, el director creativo era más parecido a Emilio Disi que a Don Draper.
Los permitidos de la agencia se daban casi de hecho: los mismos dueños eran quienes te pedían cigarrillos, se ponían a jugar, bebían alcohol y por sobre todas las cosas bajaban pornografía de Internet.
Principalmente uno de los socios –a quien llamaremos Santiago- tenía una laptop desde la que bajaba enormes cantidades diarias de pornografía. Estamos hablando del año 2000, donde la banda ancha no era ni tan banda ni tan ancha. Más de una vez tuve que ir a pedirle que cancele sus downloads ya que no nos quedaba ancho de banda para bajar una foto en alta que necesitábamos para publicar.
Un día Santiago estaba reunido en su oficina con dos mujeres de Caritas.  Mientras hablaba con ellas, veía que a un costado su computadora abría ventanas publicitarias de sexo gratuito y carteles que invitaban a alargar el miembro por unas monedas.
Pero el mayor problema surgió durante una presentación con un cliente:
Se trataba de la campaña anual para una cadena de supermercados que teníamos como cliente. La reunión era en las instalaciones centrales de la empresa, en el GBA. Santiago llevó su laptop para la presentación
Recorrimos los pasillos de la empresa y caminamos entre los escritorios del personal hasta llegar a una sala de reuniones enorme y totalmente vidriada.  Todo el mundo trabajaba en total silencio. 
Mientras esperábamos la llegada del presidente de la compañía y del director de marketing, enchufamos la computadora al proyector y preparamos  la presentación.   La asistente de cuentas apagó las luces de la sala y le dio doble click al que creía era el archivo PPT.
Pero como nadie es perfecto –y menos las asistentes de cuentas- la laptop comenzó a proyectar sobre la pared una escena nada romántica de una película pornográfica. Ahí empezó la desesperación total. Desde afuera de la sala –alertados por los gemidos y las imágenes- los empleados empezaron a mirar la escena sin poder creerlo. Santiago, con aparente calma, sonreía nervioso y miraba para todos lados. La asistente de cuentas entró en pánico: le temblaban las manos y sólo atinó a desenchufar la computadora, olvidándose que en general las laptops tienen baterías que duran horas. O sea: la película continuaba como si nada. Ante un último intento desesperado, Santiago decidió pararse delante de la pared proyectada con los brazos abiertos –intentando tapar la escena- pero obviamente el muchacho de la película continuó penetrando analmente a su compañera sobre el cuerpo de mi jefe.
A esta altura los empleados se reían de la situación y señalaban hacia la sala.
La función terminó cuando el cadete que nos había acompañado para llevar los equipos acertó en apagar el proyector y terminar con esta tortura segundos antes de que el cliente llegara a la sala. 

viernes, 25 de mayo de 2012

Richard Nestlé, el chocolatero mediático

Llegan noticias del viejo continente. 
Al parecer, la tradicional sociedad de Suiza está totalmente revolucionada, dado que en aquel país surgió un personaje mediático que hace estragos en todos los programas de TV. 
Se trata del famoso descendiente del imperio chocolatero Richard Nestlé. 
Mr. Richard –tatara nieto Henri Nestlé, fundador de la compañía - se mostró siempre como un verdadero rebelde capaz de los mayores desplantes familiares. Se lo ha visto manejando su descapotable por las calles de Ginebra con una sola mano, y hay quienes aseguran que en la otra mano sostenía una barrita de Toblerone. 
Si bien es en parte dueño del imperio chocolatero, los hermanos de Richard intentaron por todos los medios evitar que él se acerque a la empresa. Le recriminan su ignorancia, ya que al parecer el menor de los Nestlé sólo sabe hablar cuatro idiomas. Tampoco le perdonan su figura mediática. Richard fue conductor de varios programas culturales de la BBC y de un especial de Nat Geo dedicado a los pingüinos nacidos en cautiverio. 
Aunque quizás lo que más alejó a Richard del imperio familiar, fue su decisión de volcarse de lleno al teatro: en pocos días Nestlé estrenará la ópera Tristán e Isolda de Wagner y Rigoletto, de Verdi. 
A pesar de todo, Richard no parece mostrar ningún tipo de preocupación por estos escándalos. Por el contrario parece querer redoblar la apuesta, ya que en los últimos días se lo vió esquiando en Saint Moritz en compañía de una exuberante muchacha rubia.
La pareja se habría conocido durante una de las frecuentes visitas Nestlé a la Biblioteca Nacional de Berna, lugar donde la joven prepara su tesis de Licenciatura de Letras.

miércoles, 9 de mayo de 2012

Anécdotas de publicitario: El mal uso del bidet

Hace varios años, tuve que hacer una campaña publicitaria para una empresa de sanitarios. Una clásica empresa que siempre aparece en los avisos de las revistas de decoración. Un titular que habla de “diseño, vanguardia y tecnología”, y en la imagen… ¿un IPhone? ¿un disco de Laurie Anderson? ¿un nuevo auto italiano? No, un inodoro.
En general, los directores de estas empresas te hablan casi como si fuesen dueños de una galería de arte.
Estuvimos varios días pensando cómo hacer un aviso creativo sin llegar a la grosería, cosa que obviamente jamás logramos. Estábamos tan perdidos, que un día la gente de la empresa nos invitó a hacer un recorrido por la fábrica, para ver si se nos despertaba el genio que tratábamos de aparentar que teníamos.
Un ingeniero nos sirvió de guía por el lugar, y nos habló de la manera en que se diseñaban los sanitarios. En la importancia de la comodidad. En el nivel intelectual de los profesionales.
De a poco fuimos descubriendo que el tipo tenía buena onda, y ya al rato estábamos haciendo bromas al respecto de cada artefacto que veíamos. En un momento, me dice
-A ver, vos que te creés tan genial… ¿cómo te sentás en el bidet?
A mí se me había ido la formalidad a la mierda, así que aprovechando que había un bidet cerca, me senté como lo hago siempre: dándole la espalda a las canillas.
Y el ingeniero, me dice:
“Sabés que en realidad, todos los bidets del mundo están diseñados para que la gente se siente de frente a las canillas -o sea mirando a la pared- para así poder abrir y cerrar el agua con más comodidad. Aparte, podrías limpiarte el traste pasando la mano por delante, en lugar hacerlo a ciegas, de espaldas. Pero no… TODO el mundo se sienta dándole la espalda a la pared, y prefieren estirar el brazo hacia atrás, abrir las canillas al tanteo, y buscar la posición más incómoda para limpiarse el culo”.

Un par de veces intenté esta técnica, y es realmente mucho más cómoda. Pero aún hoy, no puedo acostumbrarme, y sigo sentándome al revés en el bidet.

Siempre me quedé pensando en ese ejemplo. ¿Podemos estar todos equivocados?

¿Qué otras cosas estaremos haciendo al revés, sin tener conciencia de eso?

Secretos de la vida cotidiana



No es paranoia, no señor. Son secretos verídicos que uno fue recogiendo a lo largo del tiempo. Son realidades que suceden en nuestra propia cara, o capaz que un poquitito a nuesras espaldas. Pero están ahí. Sí, señor. Son cosas que incluso podríamos sospechar. Pero ni siquiera nos animamos a hacerlo.
Es hora ya de sacarnos las caretas, y ver la realidad. Sí señor. Bienvenido al mundo real. ¿Quiere la pastillita azul? Entonces, vaya a otro blog. ¿Quiere la pastillita roja? Acá tiene la pastillita roja. Pero no me culpe, eh! Usted me la pidió:




1 - Algunos choferes de taxi tienen un espejito ubicado junto al retrovisor.
Si una mujer pregunta para qué sirve ese espejo, responderán: “es por seguridad, para ampliar la visibilidad hacia atrás, señora”.
Ahora, si el que pregunta es un hombre, le dirán: “je… ¿este espejito? ¡es para mirarle la bombachita a las chicas, papá!”


2- En los negocios de venta de ropa –especialmente aquellos pequeños locales de diseñadores independientes- existe una extraña costumbre: cuando están cerrados, los empleados y/o dueños suelen cumplir la fantasía de tener relaciones en los probadores.


3- Los empleados de las farmacia de turno no ven con buenos ojos que un tipo los despierte a las 4 de la mañana para comprar preservativos. Para estos casos, tienen dispuestos una serie de paquetes que fueron previamente pinchados con una aguja quirúrgica.


4- Los ginecólogos, inclusive los más eminentes, fueron personas que tuvieron una buena orientación vocacional durante la adolescencia. En caso contrario, hubieran sido violadores seriales.


5- Los encargados de edificios son las únicas personas que tienen acceso al tanque de agua. Por eso, durante el verano, tienen libertad para utilizarlo como pileta de natación. Y sé que eso ocurrió en varios lugares.


6- En sus horas de aburrimiento, los serenos de los Estacionamientos 24 horas, durante las largas noches de invierno suelen concertar citas con chic@s de vida fácil. Y ¿qué mejor lugar que un amplio y cómodo automóvil familiar como para hacer la mundicia impunemente?






Ya lo saben. No me agradezcan nada.

domingo, 6 de mayo de 2012

Parecidos

Hay gente que anda por ahí buscándole parecidos a las personas.
Ese era el caso de don Rogelio Antúnez, el peluquero de Parque Centenario.
Don Rogelio era un buen tipo: culto, algo intelectual, bastante progre… eso sí: cuando empezaba a hablar, no había forma de pararlo. Todos los temas le venían bien: cine, teatro, fútbol, política… el viejo encaraba cada tema con la sapiencia de los que saben de verdad. Uno siempre sospechaba que no era solamente un peluquero.
Yo lo trataba mucho, porque vivía a una cuadra de su negocio. De hecho, fui su cliente durante años. Pero todo cambió el día que decidí comprar mi propia máquina de cortar el pelo. Y cambió tanto, que ahora estoy en mis últimos días de vida, por culpa de Don Rogelio.
Resulta que el día en que me compré esa fatídica máquina del diablo, hubo un quiebre en la relación. Porque hasta ese día, yo pasaba por la puerta de la peluquería, y Don Rogelio me gritaba: “ey, ya está largo ese pelo, eh!! Cuándo te venís al negocio!!”
Y claro. Un día, yo pasé por la puerta con el pelo totalmente rapado. El viejo se quedó mudo. No sé si le costó reconocerme, o fue la sorpresa. Tardó varios días en reaccionar. No me decía nada: me miraba pasar nomás. Yo creí que se sentía dolido, y por eso a veces evitaba pasar por la puerta del negocio.
Pero al cuarto día creí que se le había pasado. Iba yo con mi bolsito para ir a jugar al fútbol, y el viejo me grita desde la otra vereda “Eh, parecés la brujita Verón con ese pelo”. Me reí, lo saludé, y seguí camino. Me fui pensando en que la sociedad de alopécicos debería rendirle homenaje a tipos como Verón y Bruce Willys. Ambos le devolvieron la dignidad a varias generaciones de pelados y aniquilaron humillaciones tales como el “casquito Hansen”.
Ese día jugué como nunca en mi vida. La rompí. Hice 8 goles, tres de ellos desde afuera del área. Los pibes no me podían parar. Un “crá”.
Y a pesar de eso, no lo relacioné con lo que me dijo Don Rogelio.
Semanas después, con el pelo ya un poco más crecido, volví a pasar por la puerta rumbo al picado con los muchachos.“qué hacé… Eros Ramazzoti!” me grita el viejo.
Ese día mi juego volvió a la normalidad: fui el mismo patadura de siempre. Inclusive probé al arco un par de veces, y la pelota terminó en el medio de la Avenida del Trabajo. Después del partido, me puse a cantar en la ducha del vestuario: para mi sorpresa, me salían todas las canciones de Eros Ramazzoti, con el acento tano y todo. Y eso que hasta ese día ni me sabía las letras.
El pelo siguió creciendo, y yo seguí todos los días cantando las canciones de Eros, como si fuera él mismo. Varias mujeres de 40 para arriba me encararon por la calle. Una me dio su tarjeta. Nunca había tenido tanto levante entre las veteranas. Y un par de meses después, ya con el pelo más largo, empecé a tener levante con las generaciones más pendejas.
Qué pelambre, ché. Parecés Pablito Rago”, me gritó Don Rogelio.
Y a partir de ese día comenzaron a aparecer minas en mi Facebook. Todas lindas. Todas perras. Incluso me contactaron algunas famosas: Anabel Cherubito, Victoria Vanucci… Fue una etapa gloriosa. Pero el pelo siguió creciendo. Y creciendo. Y creciendo. Los rulos se me fueron formando en la cabeza. Y un día, Don Rogelio me gritó:
“JA! Sabés a quién te parecés con esa porra??? ¡¡A Favio Posca te parecés!
Los días siguientes fueron insoportables. Yo no paraba de hablar. Y quedaba como un salame ante todo el mundo. Hablaba y hablaba y hablaba. Mi timbre de voz era tan insoportable, que la gente me evitaba constantemente. Todo eso comenzó a volverme loco.
Por eso decidí raparme nuevamente. Estaba obsesionado por no parecerme a nadie. Me corté a “cero”, y luego me afeité con la Gilette. Tan demente estaba con esto, que decidí también rasurarme las cejas.
En cuanto terminé, me fui caminando rumbo a la peluquería. “Cómo te cagué Rogelio”, pensaba. “Ahora no me vas comparar con nadie”. Aminoré el paso frente al negocio. El viejo me miró casi con desprecio. Pareció dudar, pero finalmente me dijo: “¿estás bien vos? parecés un enfermo terminal!”Y aquí me ven. Lleno de tubitos, pálido, y sufriendo mis últimos días de vida. Para colmo, con la quimio el pelo no crece más.
Me dijeron que Don Rogelio está muy triste. Los vecinos me dijeron que por el barrio se la pasa diciendo: “y sí… esas máquinas de cortar pelo son cancerígenas… yo siempre lo dije”.

martes, 1 de mayo de 2012

Riesgos

En 1939, un importante estudio de Hollywood –la RKO- contrató a un tipo de 26 años que jamás había pisado un set de filmación, para escribir, producir dirigir y protagonizar dos películas. 
El contrato era prácticamente un cheque en blanco: el fulano aquel podía escribir lo que quisiera, contratar a quien quisiera y filmar la historia que quisiera, sin que ningún directivo del estudio pudiera cuestionar ni una coma. 
Y sí, ya en esos años mucha gente se preguntaba lo mismo que ahora está pensando usted:
¿Por qué el presidente de la RKO corrió ese riesgo?
La respuesta fue tan contundente como simple:
-Porque ese chico es un genio. 
El “chico” era Orson Welles. La película que filmó fue Citizen Kane. Y muchos la consideran el mejor film de la historia. Sin dejar de ser un film bastante comercial, marcó un antes y un después en la historia del cine, incluso para aquellos intelectuales que odian Hollywood.
Probablemente, si hubiera ganado 11 no sería tan reconocida por el público de los cineclubes. Pero en fin, ese es otro tema. 
Todo esto siempre me hace pensar en el valor de correr un riesgo. 
A veces siento que hoy todo es consultado previamente por varios asesores, enviado a una investigación de mercado, analizado por especialistas de “Marketeen”, y luego corregido, cambiado, arreglado, pulido y plastificado para que finalmente no nos sorprenda, ni nos emocione, ni nos seduzca. Porque termina diciendo todo lo que más o menos esperábamos escuchar. 
Por eso me cae bien la gente que toma riesgos. Aunque le haya ido mal. Aunque sea un fracaso su idea. Y me causa rechazo la gente que le compra flores a su nueva novia para no correr el riesgo de regalarle un conjunto de ropa interior. O la invita a cenar a Palermo para no correr el riesgo de invitarla a un albergue transitorio con habitaciones tematizadas como “La Baticueva”, “El Calabozo” y “La casita de Papá Pitufo”.
A veces sospecho que mucha gente practica deportes extremos para cubrir su cuota de “inesperabilidad”, ya que no se anima a correr riesgos cotidianos, como besar a su amante en plena calle, pedir ranas de entrada, o irse de vacaciones sin saber dónde. 
Hace poco le tomé una entrevista laboral a un sujeto de lo más particular. Le pregunté por qué quería cambiar de trabajo, y me dijo: 
-“porque acabo de volver de vacaciones, y estoy pensando seriamente en abrir un bar en la playa”. 
Yo le respondí:
-Sí, típico. Todo el mundo cuando vuelve de vacaciones quiere hacer eso.
Y el tipo me dijo: 
-Sí, pero yo volví hace dos semanas, y todavía sigo pensando seriamente en abrirme un bar en la playa. 
El tipo quedó fuera de la búsqueda, así que tiene una oportunidad increíble para abrir su bar en la playa. 
Pero para mí que sigue buscando trabajo. 
Ahora, me quedan dos preguntas. Una es para ustedes: 
¿Qué cosas hicieron sin evaluar demasiado las consecuencias?
Y la otra, la dejo volando: 
¿En qué momento la humanidad le dejamos las respuestas de todo a los tipos que estudiaron Marketing? No lo sé.