En 1939, un importante estudio de Hollywood –la RKO- contrató a un tipo de 26 años que jamás había pisado un set de filmación, para escribir, producir dirigir y protagonizar dos películas.
El contrato era prácticamente un cheque en blanco: el fulano aquel podía escribir lo que quisiera, contratar a quien quisiera y filmar la historia que quisiera, sin que ningún directivo del estudio pudiera cuestionar ni una coma.
Y sí, ya en esos años mucha gente se preguntaba lo mismo que ahora está pensando usted:
¿Por qué el presidente de la RKO corrió ese riesgo?
La respuesta fue tan contundente como simple:
-Porque ese chico es un genio.
El “chico” era Orson Welles. La película que filmó fue Citizen Kane. Y muchos la consideran el mejor film de la historia. Sin dejar de ser un film bastante comercial, marcó un antes y un después en la historia del cine, incluso para aquellos intelectuales que odian Hollywood.
Probablemente, si hubiera ganado 11 no sería tan reconocida por el público de los cineclubes. Pero en fin, ese es otro tema.
Todo esto siempre me hace pensar en el valor de correr un riesgo.
A veces siento que hoy todo es consultado previamente por varios asesores, enviado a una investigación de mercado, analizado por especialistas de “Marketeen”, y luego corregido, cambiado, arreglado, pulido y plastificado para que finalmente no nos sorprenda, ni nos emocione, ni nos seduzca. Porque termina diciendo todo lo que más o menos esperábamos escuchar.
Por eso me cae bien la gente que toma riesgos. Aunque le haya ido mal. Aunque sea un fracaso su idea. Y me causa rechazo la gente que le compra flores a su nueva novia para no correr el riesgo de regalarle un conjunto de ropa interior. O la invita a cenar a Palermo para no correr el riesgo de invitarla a un albergue transitorio con habitaciones tematizadas como “La Baticueva”, “El Calabozo” y “La casita de Papá Pitufo”.
A veces sospecho que mucha gente practica deportes extremos para cubrir su cuota de “inesperabilidad”, ya que no se anima a correr riesgos cotidianos, como besar a su amante en plena calle, pedir ranas de entrada, o irse de vacaciones sin saber dónde.
Hace poco le tomé una entrevista laboral a un sujeto de lo más particular. Le pregunté por qué quería cambiar de trabajo, y me dijo:
-“porque acabo de volver de vacaciones, y estoy pensando seriamente en abrir un bar en la playa”.
Yo le respondí:
-Sí, típico. Todo el mundo cuando vuelve de vacaciones quiere hacer eso.
Y el tipo me dijo:
-Sí, pero yo volví hace dos semanas, y todavía sigo pensando seriamente en abrirme un bar en la playa.
El tipo quedó fuera de la búsqueda, así que tiene una oportunidad increíble para abrir su bar en la playa.
Pero para mí que sigue buscando trabajo.
Ahora, me quedan dos preguntas. Una es para ustedes:
¿Qué cosas hicieron sin evaluar demasiado las consecuencias?
Y la otra, la dejo volando:
¿En qué momento la humanidad le dejamos las respuestas de todo a los tipos que estudiaron Marketing? No lo sé.
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